¿Por qué nuestro cerebro necesita tiempo libre?


Como la mayoría de los artículos que me gusta realizar, esta entrada es una mezcla entre datos de investigación científica y mi experiencia personal.

Que nuestro cerebro consiga un tiempo a diario para entrar en un estado de desconcentración puede resultar fundamental para su correcto funcionamiento. A continuación, vamos a exponer porque es importante dejar que la mente por momentos divague.

La atención: un recurso limitado.

Nuestra capacidad de atención puede ser uno de los más preciados recursos para enfrentar la vida cotidiana. Por desgracia, nuestro cerebro dispone de una cantidad limitada para utilizar a cada día.

De por sí, el trabajo y las obligaciones sociales ya demandan una porción de nuestra reserva diaria. Y no nos resulta muy complicado ocupar lo que nos sobra con estímulos simples de algún u otro estilo – Ya sea escuchar la Radio, mirar YouTube, escuchar un Podcast, o mirar Netflix.

Para mucha gente, y tal vez para ti también, el tiempo que nos tomamos al ducharnos o mientras nos disponemos a quedarnos dormidos son los unos resquicios que nos dejamos como espacios para que la mente deambule con libertad.

A simple vista, nada de esto parece un problema. Es decir, ¿Por qué habríamos de perder tiempo haciendo literalmente nada cuando podríamos hacer cosas útiles o divertidas? Siempre que ocupemos la mente con, a grandes rasgos, contenido de calidad ¿Cuál es el inconveniente?

Bueno, ciertos estudios indican que nuestro cerebro no funciona del todo bien cuando se le demanda concentración en forma constante y nos dejan una conclusión muy marcada:

La realidad – por cruda que suene – es que nuestra mente con su capacidad de enfocarse es tan limitada como la honestidad en las campañas políticas.

El proceso de aprendizaje: ¿qué dicen los expertos?:

«Las investigaciones respecto al proceso de aprendizaje resultan extremadamente claras», confiesa Loren Frank, profesor del Centro de Neurociencia Integrativa de la Universidad de California en San Francisco. «Para aprender algo bien, necesitas estudiarlo por un tiempo y luego tomar un descanso».

Frank insiste en base su experiencia como educador y a sus propias pruebas realizadas, las cuales han mostrado, una y otra vez, que las personas conservan mejor la información nueva cuando se les concede un tiempo libre para codificarla y consolidarla.

Esto, es aplicable a todos los momentos de la vida y no solo al aprendizaje. Nuestra mente posee una ventana de atención real y concreta que es bastante breve.

Para entender mejor cómo los cerebros procesan nueva información, Frank ha realizado experimentos de escaneo cerebral en ratas. Él y sus colegas han demostrado que cuando las ratas pueden descansar después de completar un laberinto desconocido, sus cerebros son capaces de reproducir automáticamente la experiencia. Y Si son enfrentadas más tarde con el mismo laberinto, las ratas encuentran su camino con mayor velocidad.

Por otro parte, cuando las ratas se enfrentan de inmediato al mismo desafío después de completar un laberinto, sus cerebros no son capaces de repetir lo que han aprendido. Por lo tanto, cuando son desafiadas de nuevo con el mismo laberinto, estas ratas no pueden superarlo con mayor facilidad que la primera vez.

Frank asegura que el cerebro humano parece funcionar de una manera similar. «Nuestros cerebros necesitan tiempo libre para procesar nueva información y convertirla en algo más permanente».

Al parecer, en cualquier salón de clases, ya a partir de entre 5 y 15 minutos de atención fija son suficientes para generar una merma en la capacidad de aprendizaje y está probado que después de la hora ya la atención se ha dispersado por lo menos 1 vez en cada individuo.

No voy a tocar el tema ahora, pero ya estarán notando que nuestro sistema educativo actual es altamente antipedagógico.

El mayor problema es cuando perdemos la brújula:

Los expertos dicen que es probable que el tiempo de inactividad también ayude a desarrollar procesos mentales que son mucho más complicados que el almacenamiento y recuperación de memoria. Estamos hablando de procesos profundos a nivel psicológico.

“Los estados reflexivos más profundos, donde entiendes lo que está pasando y lo conectas con la identidad y el yo; e integramos ese conocimiento dentro de narrativas coherentes, este tipo de procesos solo ocurren cuando no estás enfocado en alguna actividad en el momento”, dice Mary Helen Immordino-Yang, profesora de educación, psicología y neurociencia en la Universidad del Sur de California.

Según la doctora, cuando nuestro cerebro está bombardeado continuamente con estímulos o información novedosa, este puede estar sometido a un gran esfuerzo para generar determinación y significado.

Demasiado de esto puede hacer que te sientas sin rumbo, o peor:

«Si estás atrapado en este circuito de estimulación de nuevas sensaciones e información, sabemos que esto termina generando una sensación de estar fuera de control», dice ella. «Se asocia con ansiedad y desconexión, y con una sensación de, ¿qué es realmente real?»

En otras palabras, llevados al extremo, sin descanso mental; ni desconexión del pensamiento y la estimulación, terminamos por perder el sentido de pertenencia y la identidad.

Como contrapartida, el tiempo de inactividad mental parece facilitar la creatividad y la resolución de problemas:

«Nuestra investigación ha encontrado que el desvío de la mente puede fomentar un tipo particular de productividad», plantea Jonathan Schooler, profesor de Ciencias Psicológicas y Cerebrales en la Universidad de California, Santa Bárbara, que ha estudiado ampliamente la desconexión de la mente. Dice que esto nos permite pensar “fuera de la caja” y superar conflictos que nos tenían arrinconados; o simplemente mirarlos desde un ángulo de menor importancia.

Y también genera lo que él llama momentos «¡Eureka!”, donde nuestra creatividad llega a pico para facilitarnos soluciones prácticas. Todos estos momentos a menudo ocurren cuando las mentes de las personas son libres de deambular.

Consideraciones personales:

Creo que el estar sobre estimulado es una de las principales causas de stress que existen en la actualidad. Todo el tiempo estamos recibiendo información y procesando datos por medio de nuestros teléfonos.

Personalmente, mi vida está estrechamente vinculada al pensamiento: soy ingeniero de profesión; por lo cual, se imaginarán que el 90% de mi tiempo transcurre en reflexión o concentración continuada.

Últimamente he llegado a notar que, si no busco escapes cotidianos a toda la actividad diaria, cada vez mi cerebro llega más rápido al estado de huelga.

Estos “escapes cotidianos” pueden ser cosas muy simples y que realizamos sin darnos cuenta. Pero no está mal empezar a reconocerlas para darles mayor prioridad en momentos críticos.

Por ejemplo, cuando comenzó la convivencia, me di cuenta que mi pareja tiene como momento de desconexión personal el tiempo que esporádicamente usa para esmaltarse las uñas. Es una actividad que, si bien no es tiempo muerto ni meditación, no requiere una gran concentración y puede hacerse mecánicamente; mientras la mente divaga libre. Y lo cierto es que, neurológicamente genera efectos similares a la meditación.

Como pareja, trato de facilitarle el tiempo para que pueda tener ese momento personal para ella ya que entiendo la importancia que esa actividad, aunque parezca trivial, tiene en sobre su mente.

De la misma forma, ella me facilita a veces las cosas para que yo pueda ir a caminar por el barrio durante una hora. Lo cual es para mí, un momento de desconexión diario.

Estoy muy convencido de que es importante aprender a administrar nuestros propios espacios para dejar la mente en paz. No es positivo estar siempre hablando con alguien, viendo videos o mirando películas. A veces, lo mejor es simplemente dejar que el cerebro divague en libertad, sin confinarlo a un momento concreto.

Soy gran partidario de que la meditación ayuda mucho a relajar la mente; pero como dije antes, cualquier actividad repetitiva y mecánica también funciona.

Conclusión:

Parece algo tonto, pero es importante tener en cuenta que nuestro cerebro necesita unos minutos de paz, para volver a ser eficiente. De lo contrario, tal vez nos encontremos con que, cuando lo necesitemos, no esté tan afilado como nosotros quisiéramos.

O peor aún, que llegue a sentirse confundido y desgastado, incapaz de pensar sobre lo que realmente importa.

Si no tomamos unos minutos para frenar las constantes estimulaciones, terminamos por generar stress generalizado en nuestra mente, y tarde o temprano sentiremos una sensación de quedar desbordados por todo lo que nos rodea.

Debemos reconocer nuestros rituales cotidianos que nos ayuden a separarnos del mundo por un rato. Es importante para que nosotros los prioricemos cuando hace falta; y también para que podamos comunicarlos ante la gente que nos rodea. De esta forma, si la gente que nos acompaña entiende la importancia de estos “pequeños momentos”, es posible coordinar esfuerzos para facilitar la vida del prójimo cuando los notamos particularmente estresados.

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