La mitología y la vida: El Mito de Sísifo

La vida es un viaje, no un destino…

Ralph Waldo Emerson.
Al retornar al inframundo, Hades lo lanzó al Tártaro donde fue castigado con una tarea particular.

Ya sea una persona atada a una rueda ardiendo, otra convertida en una araña, u otra encadenada a una piedra mientras un águila le comía el hígado, la mitología griega tiene un amplio repertorio de personajes condenados por desafiar a los dioses o desatar tu furia.

De todos estos mitos, tal vez sea el de Sísifo el que más suele resonar con nuestra vida diaria. Pues el tormento infligido sobre este personaje mitológico podría ser el que más se asemeje a la condición humana.

El rey que engaño a los dioses:

Sísifo era el rey de Efira, la actual ciudad de Corito.  Y si bien era un hombre inteligente y astuto que gobernó con claridad llevando la prosperidad a su pueblo; también fue un tirano perverso, que sedujo a su sobrina y mataba a sus huéspedes para mostrar su poder.

En la mitología griega existía la sagrada tradición de la hospitalidad y su violación era una terrible ofensa a los dioses.

A pesar de estas ofensas reiterada, Sísifo solía escapar a la ira del olimpo y podría haberse mantenido en esa suerte si no hubiera comenzado a realizar temerarias provocaciones contra Zeus.

Como Sísifo desafió a los dioses:

Todo empezó cuando Zeus rapto una ninfa llamada Egina, al tomar la forma de una enorme águila y Sísifo presenció este acontecimiento.

Asopo, el padre de Egina, era el dios de los ríos, y Sísifo entendió rápidamente que podría beneficiarse por la información que acababa de obtener.

El reino de Efira era prospero, pero tenía escases de agua fresca. Por eso mismo, en intercambio por la información sobre el paradero de Egina, Asopo le prometió al rey que haría brotar un manantial en el medio de la ciudad.

Cuando Zeus se enteró que Sísifo lo había delatado, se puso tan furioso que le ordenó a Tánatos (la muerte) que lo encontrara y le quitase la vida.

Sísifo se sorprendió poco después al encontrar a Tánatos en su palacio, pero sin titubeos su mente ágil y afilada generó una brillante idea.

Miro directamente al dios de la muerte y le dijo:

Así que mi tiempo ha llegado…No esperaba morir tan pronto, pero debo admitir que me encuentro maravillado por vuestro esplendor. Usted es sin lugar a dudas una deidad impresionante y, me gustaría comentarle que, de entre todos los dioses que he llegado a conocer en mi vida, usted tiene la postura más elegante y distintiva.

Antes de partir me gustaría ofrecerle un tributo, unos ornamentos que lo transformarán a usted en algo aún más impresionante; y que ya no me serán más de utilidad al partir a la tierra de los muertos.

Tánatos, ruborizado por aquel torrente de halagos, decide aceptar la propuesta.

Pero más tarde entendería que el collar y los brazaletes que Sísifo le había ofrecido no eran otra cosa que un par de grilletes con los cuales Tánatos había quedado encadenado.

Con Tánatos aprisionado el mundo ya no podía morir, y todo se volvió un caos.

Hades no podía admitir nuevos visitantes en el inframundo y eso generó un malestar general para toda la tierra de los muertos. Todo fue un conflicto hasta que Ares, el dios de la guerra decidió liberar a Tánatos, al ver que las batallas ya no eran divertidas pues nadie moría en ellas.

Nuevamente perseguido por los dioses, Sísifo sabía que sus horas estaban contadas, así que realizó un último y desesperado truco.

Antes de morir, le pidió a su esposa Meropé que arrojara su cuerpo a la plaza pública, y que no le ofreciera servicios funerarios.

El manantial lo arrastró por las aguas hasta las costas del rio Estigia hasta la tierra de los muertos donde se encontró con Hades; quien parecía estar sumamente fastidiado.

Sísifo engaña a Hades:

Antes de ser condenado por el dios del inframundo, Sísifo pronuncia un discurso que había formulado incluso antes de su muerte.

Noble señor del inframundo, sé que mis acciones le han causado inconvenientes y lo lamento mucho, pero nunca fueron esas mis intenciones. Si hubiera sabido que podría haberle causado mal al majestuoso señor del inframundo, nunca hubiera actuado de esa forma.

Acepto mi destino ante usted con resiliencia, pero antes quisiera realizar un humilde pedido.

Mi vengativa esposa, se negó a entregarme los servicios funerarios que le corresponden a un rey apreciado por su pueblo. Simplemente me lanzó con desprecio al rio, como si el mío fuese el cuerpo de un perro.

Por lo cual me gustaría pedirle permiso para volver por un solo día al reino de los muertos y llevar a cabo un funeral que me traerá gloría a mi nombre y al reino de los muertos.

El permiso le fue concedido y, al volver a la vida, se encontró con su mujer y escaparon juntos; engañando nuevamente a los dioses.

Sísifo vivió escondido por años y finalmente murió inevitablemente en la vejez.

Al retornar al inframundo, Hades lo lanzó al Tártaro donde fue castigado con una tarea particular:

Debía hacer rodar una roca cuesta arriba por una enorme montaña hasta llegar a la cima.

Pero cada vez que se acercaba a la cúspide la roca se volvía muy pesada y caía cuesta abajo. Y entonces Sísifo debía comenzar de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, durante toda la eternidad.

El castigo era claro, realizar una tarea tortuosa, interminable y sin sentido, durante toda la eternidad, sin posibilidad de alcanzar la cima.

La analogía en este mito:

Debido a los brillantes trabajos de Albert Camus, filósofo francés de origen Argelino, existe una costumbre de utilizar este mito como una parábola para definir la condición humana.

Un ciclo repetitivo, interminable y sin sentido de trabajos que los dioses han impuesto para castigarnos, pero a los que nosotros en nuestra gloriosa rebeldía nos enfrentamos con valentía y voluntad otorgándoles, en cada ciclo, un sentido personal.
En última instancia, los dioses se encontraron a Sísifo como un individuo feliz, realizando en cada ciclo su tarea con esperanza y alegría.

Pensemos de otra manera el mito de Sísifo.

Supongamos por un instante que Sísifo alcanzara la compleción de su tarea y estabilizara la roca en la cima de la montaña. Claramente estaría extasiado…

Si es verdad, primero se sentiría tan sorprendido que rozaría la confusión y la incredibilidad. Pero luego, terminaría repleto de júbilo.

Se sentirá muy cansado, pero emocionado y se sentiría al lado de la roca, contento de que su tortuoso esfuerzo por fin hubiese llegado a su fin.

Dormiría por muchas horas y luego se despertaría, y otra vez observaría la roca con mirada triunfante. Luego de dormir un poco más, miraría por primera vez hacía el horizonte y a la hermosa vista que podía experimentar en lo alto de la montaña.

Luego de ver esto se sentiría orgulloso de haber vencido nuevamente a los dioses al levantar su maldición y regresaría a dormir nuevamente.

Con el tiempo, seguiría relajándose, pero terminaría por sentirse incómodo. Un tiempo después, su incomodidad resultaría tan grande que no le permitiría dormir.

Aunque tal vez sería una transición lenta, tarde o temprano, Sísifo comprendería que la maldición dispuesta por los dioses no era tan terrible como ellos habían imaginado. Y que no acababa de quebrar el ciclo maldito; si no que solo había empeorado su posición.

Finalmente, un día se levantaría de su asiento, inhalaría profundamente, se acercaría a la piedra y la haría rodar cuesta abajo desde la cima. La vería caer hasta el suelo, volvería a bajar, y comenzaría a subirla nuevamente. Tal vez por la ladera de otra montaña, pero con la misma voluntad y enfrentando las mismas penurias que al principio.

Posiblemente incluso lo haría con una felicidad mayor pues, esta vez, sería una decisión personal.

¿Por qué me gusta esta historia?:

Sísifo nos enseña algo que resulta clave entender para continuar con alegría y resiliencia nuestra eterna y fútil búsqueda de la felicidad: Nunca la alcanzaremos. Pero en cada ciclo habremos de dar hermosos significados a cada milímetro que logremos empujar la roca.

Nuestro mundo, nuestra felicidad, gira en torno a la persecución interminable de objetivos. Nunca en su compleción. Porque llevado a este ejemplo mitológico, si lográsemos vencer a los dioses, quedaríamos aburridos de nuestra victoria.

Está en nuestra esencia luchar y debatirnos. Y somos nosotros los responsables de encontrar alegría en el camino y en la búsqueda.

Esa es la forma que tenemos nosotros, los simples mortales, de sonreír en el rostro de los dioses. Y finalmente lograr lo que Sísifo siempre busco, engañarlos con nuestra voluntad eterna.

En lo ordinario, en nuestro día a día, puede esconderse un significado infinito. Queda en nosotros la voluntad de reírnos de nuestra condición, de nuestro humano sinsentido, y ser felices frente a la adversidad que supone alcanzar… Clic para tuitear

Saludos a todos

Alejandro Menéndez.

¿Te gusta el contenido?

Sígueme en las redes o subscríbete

Si te gusta el contenido de la pagina y quieres que te informe cuando se suban nuevos artículos al blog, puedes aprovechar los vínculos debajo para seguirme en redes sociales o subscribirte al sitio. 

¡Al suscribirte recibirás un mail semanal con todas las novedades!

2 comentarios en “La mitología y la vida: El Mito de Sísifo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *