EL Significado de la vida no ha de ser simplemente «ser feliz»

Recientemente, empecé a cuestionarme algo que creí durante una gran porción de mi vida.

Por mucho tiempo he considerado que la vida en si misma tiene un solo propósito: ser feliz.

Después de todo, es la conclusión más simple para arribar ¿no?

Porque habríamos de soportar todas las dificultades y el dolor al que puede someternos la vida si no es por la promesa de alcanzar la felicidad de alguna forma.

Es notorio que no soy la única persona que creyó eso. De hecho, basta con mirar a los costados para notar que todos perseguimos la felicidad en nuestras vidas.

Solemos hacer cosas que demuestran nuestra desesperada búsqueda por encontrar ese lugar en el mundo; ese estado de conciencia.

¿Porque que otra razón seriamos capaces sino de comprar compulsivamente cosas que a menudo no necesitamos, terminar en la cama con gente que no amamos y esforzarnos trabajando para conseguir la aprobación de gente no nos cae bien del todo?

Hay un crisol de razones que se usan para explicar el porqué de todas estas conductas; los medios, la cultura, la economía, la psicología, la política, la era de la información, y la lista continua hasta casi resultar interminable. Pero al escribir esta entrada no me interesa entrar en detalles científicos; simplemente quiero comentarles algo que seguramente ya saben: nuestra búsqueda de la “felicidad” existe; es cotidiana, compulsiva, e interminablemente constante.

Aceptemos el Standart: todos hacemos lo mismo.

Creo que es un pasatiempo nacional; o mejor dicho mundial, el analizar la vida ajena.

Personalmente yo trato de evitarlo lo más posible y no suelo trazar comparativas, pero tarde o temprano uno entra en la discusión.

A la mayoría de la gente le gusta analizar porque las otras personas no son felices y no viven vidas fundamentalmente realizadas.

Lo gracioso es que no solemos notar que todos hacemos prácticamente lo mismo, y buscamos los mismos lugares.

  • Compramos algo, y pensamos que eso nos hace felices
  • Nos juntamos con otras personas, buscando divertirnos, pasar el tiempo y ser felices
  • Buscamos un trabajo que nos pague muy bien, aunque no nos encante, y pensamos que nos hará felices
  • Compramos vacaciones, pensando que volveremos siendo más felices.

Pero al final del día, al caer la noche, terminamos acostados en la cama; ya sea solos, con compañía, o con el amor de nuestra vida al lado.  Y, si fuéramos brutalmente consientes en ese momento, creo que la pregunta sería “¿Qué es lo que sigue en esta interminable búsqueda de la felicidad?”

Bueno, es fácil entender que lo que sigue: Tú, persiguiendo cosas aleatorias que crees que te harán feliz.

Es todo una fachada; un engaño. Una historia que nos hemos contado entre nosotros.

De cualquier forma, no digo que el problema esté en el objetivo, si no en el método.

Lacan dijo:

Somos seres deseantes, destinados a la incompletud…
es eso lo que nos hace camina

Y es cierto, nuestra búsqueda nos impulsa, y eso es sumamente positivo; la pregunta sería si estamos caminando en la dirección correcta.

Este es el punto: ¿Cómo solemos buscar la felicidad?

La felicidad no puede ser un objetivo en sí mismo.

Por lo tanto, no es un estado perpetuo que pueda alcanzarse.

Con el tiempo, he llegado a creer que la felicidad es solo un producto secundario que se desprende del hecho se ser útil

La mayoría de las cosas que hacemos en la vida son actividades y experiencias:

  • Vamos de vacaciones
  • Vamos a trabajar
  • Vamos de compras
  • Vamos a tomar unas cervezas con amigos
  • Vamos a cenar afuera
  • Vamos a comprar una casa o un auto

Todas estas cosas deberían hacerte feliz, y en parte lo hacen, momentáneamente. Pero no fundamentalmente. ¿Cierto?

Eso es porque ninguna de esas cosas es de utilidad. No estás creando nada en el proceso. Solo estás consumiendo y haciendo algo para pasar el rato. Y quiero enfatizar bien este punto, eso está muy bien.

Que no se malentienda la idea, yo amo ir de vacaciones y me encanta tomarme un día cada tanto para ir de compras, y al volver estoy contento, como todos. Pero seamos sinceros, nada de eso le da sentido a la vida.

Lo que realmente me ha hecho feliz en la vida ha sido en los momentos en los que he sido útil, en los que he creado algo que los demás puedan usar; cuando he ayudado a un amigo a resolver un problema que lo volvía loco; cuando he aportado a que los demás tengan un mejor día.

Recuerdo como fue escribir mi primer libro, Las Cenizas Del Viento, escribía los capítulos en mi casa y los llevaba al colegio, y mis compañeros del secundario se imprimían sus copias y se sentaban en los recreos para leerlos. Cada vez que me pedían que me apure en sacar el próximo, yo me sentaba en casa a la noche y trabajaba en eso con absoluta felicidad.

También hubo otro momento cuando mi mejor amigo me dijo un día de la nada. “Gracias por ayudarme a terminar mi carrera”

Me lo comento, porque en su momento me enoje mucho con él cuando me dijo que iba a cambiar, de nuevo; por tercera vez de carrera, porque “se estaban haciendo difícil los años intermedios”

Tuvimos una charla muy larga aquel día, donde le comenté lo que pensaba con respecto a las carreras, la educación y el esfuerzo personal.

Créanme que no fue una cuestión de vanidad, pero me lleno de felicidad real cuando me dijo:

“El día de mañana, sé que voy a ser profesional, porque nos conocimos y nos hicimos amigos”

Y con esto quiero decirles que algo tan básico como querer a tus amigos, y estar para ellos, eso también es ser “útil” en el mundo. Y es hermoso sentir que aportaste en algo a alguien.

Creo que empecé a sospechar la estrecha relación entre la utilidad y la felicidad en esa época del secundario.

En esa época tuve que estudiar a Aristóteles y una idea me quedo grabada en la memoria: La felicidad es una actividad del Alma y no del cuerpo, y por lo tanto deviene de realizar una actividad que el Alma considere como propia, y realizarla con excelencia.

Pero, no fue hasta hace muy poco que leí esta frase de Ralph Waldo Emerson, y volví a considerar la idea.

El propósito de la vida no es ser feliz…sino útil, honorable y compasivo. Marcar la diferencia entre sólo haber vivido y haber vivido bien.

Por más que suene un tanto brusco, todo se reduce a esto: ¿Que estas HACÍENDO para marcar una diferencia?

No hace falta cambiar al mundo, liderar una revolución; ser John Lennon o el Che Guevara, o terminar con el hambre en el África. Solo proponte dejar el mundo un poco mejor que lo que lo encontraste, por lo menos en lo que a tus capacidades respecta.

Si no tienes idea de cómo hacer, te dejo algunas ideas.

  • Ayuda a alguno de tus compañeros de trabajo con alguna tarea que lo está superando.
  • Regálales una tarde de Spa a tus padres.
  • Has un gesto, romántico o practico, para alegrarle el día a tu pareja o esposa.
  • Escribe un artículo sobre las cosas que has aprendido en la vida.
  • Ayuda a tus amigos cuando están iniciando una mudanza o cuando surja algún problema, sin que siquiera te lo pidan.
  • Arranca un negocio, contrata empleados y has la diferencia que no hace ninguna empresa: trátalos bien, lidéralos.

Esas son algunas ideas personales, pero pueden definir las suyas propias.

El punto es que no es nada muy grande ni complejo. Son pequeñas acciones que, realizadas con cariño día a día, se van sumando para formar una vida bien vivida. Una vida que resulte importante.

Tal vez no para el mundo, pero al menos para los que existen a tu alrededor.

Creo que sería muy frustrante terminar en un lecho de muerte notando que, al momento de partir, no hay ninguna evidencia de que haya existido.

Un cambio de paradigma:

Pensar en ser útil y generoso, en lugar de ser vivir buscando ser feliz, es un cambio de mentalidad.

Y como todo cambio de mentalidad, empieza con una simple decisión.

Un día me di cuenta que mucha gente a mi alrededor me decía siempre lo mismo.

“Me gusta hablar con vos. Porque me pasa seguido que, entre todo lo que hablamos, me das algún pensamiento, una palabra o una herramienta, para darle forma a lo que estoy sintiendo”

También me di cuenta que esas palabras me hacían sentir más feliz que ninguna otra cosa. Porque era una ayuda para mis amigos. Creo que eso fueron muchos autores en mi vida (con las palabras que dejaron, me ayudaron a dar forma a muchos momentos), siento que eso es la literatura y por eso decidí comenzar a escribir. Y bien o mal, sea mucho o poco, es lo que tiene sentido.

Para ti lo que se sienta útil puede ser otras cosas, como pintar, hacer muebles, ayudar a los ancianos o a los niños enfermos, educar a las nuevas generaciones más allá de los problemas del sistema, ser un buen líder en una empresa llena de jefes tóxicos, etc.

No hace falta pensarlo demasiado, pero seguro que, en algún momento de tu vida, algo que te sale en forma natural ha alegrado el día de alguien. Lo importante es que hagas algo. Cualquier cosa. Y no pienses solo en vos mismo, porque siempre habrá otra posta en el camino de la felicidad egoísta.

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