Estamos más impacientes que nunca ¿vale la pena?

 

Lo mejor es no pensar:

La sociedad fue mutando.

Y creo que, dada mi edad y el hecho de no haber nacido en un país de vanguardia tecnológica, tuve la oportunidad de transitar mi adolescencia viendo todas las metamorfosis culturales que la tecnología vino a “regalarnos”.

Para los que tengan entre 25 y 35 años, hagamos un ejercicio. Dejemos la nostalgia a un costado y clamemos con fuerza al viento: ¡Todo es mejor ahora de lo que era hace 15 años!

Bueno…Mejor no lo pensemos mucho…Podríamos terminar algo confundidos, ¿verdad?

Está bien, es normal que no queramos escuchar nada al respecto; porque esa es una de las tantas virtudes que se fueron esfumando en los últimos años: la capacidad de reflexión.

Es cierto que la nostalgia por tiempos pasados obra su magia para engañarnos cuando uno mira a lo que fue; y no quiero entrar en ese tema ahora, pero también es cierto que nos hemos transgiversado y por ello estamos más estresados que nunca.

 

Los infames Millenials:

Cuando pensamos en lo que se viene, en lo que estamos haciendo y dejando que se haga, es tentador considerar que los jóvenes de las próximas generaciones son poderosos e implacables y que sus insoportables y prepotentes temperamentos (Típicos de la adolescencia, pero sin duda potenciados por el entorno actual), los escudan de todo el malestar que correr atrás de un reloj conlleva. O de la frustración perpetua y constante de comparar sus vidas con YouTubers, Instagramers y nuevas estrellas de Spotify.

Por momentos creo que estamos creando un mundo que se nos va de las manos, y nos escudamos en que la generación que ahora cumple 18 años, la que no vio nunca un aparato analógico, sabrá que hacer al respecto (más que nada, porque ellos actúan como si lo supieran absolutamente todo)

Cuando pienso en esto, me vería confiado en jugar una apuesta plena, tan desigual como la escritura de mi casa contra tres aceitunas:  los chicos que hoy en día tienen 15-18 no son ni un fragmento de lo seguros que demuestran ser. Incluso quizás, son la generación colectivamente más insegura de la historia.

Para reivindicarlos un poco, los infames Millenials y las camadas posteriores, posiblemente sean las generaciones con mayor potencial que existen. Son rápidos, se adaptan y absorben conocimientos sociales a ritmos acelerados. Por desgracia, también están profundamente desmotivados y se sienten a menudo paralizados por un entorno que los enaltece con su vorágine y, al mismo tiempo, amenaza con destruirlos.

Estoy diciendo lo que siento en este preciso momento, y tengo que tener cuidado, porque la verdad es que no quiero sonar como un hombre que está envejeciendo, pero dudo mucho que el ser humano esté configurado para tanta locura.

También déjenme decirlo, la evolución no es tan mística ni tan veloz, y nuestros cerebros no se adaptan tan fácil para contradecir nuestra naturaleza. Tarde o temprano nos pasan factura.

Los niveles de estrés en la actualidad están por las nubes… ¿vale la pena?

 

El mejor momento para estar vivo:

En términos prácticos, es la mejor época de la historia.

Tenemos procesos cada vez más rápidos, más eficientes, más baratos y más globalizados.

Las redes nos dan difusión, poniendo en las manos de un niño de 8 años, la capacidad potencial de volverse famosos en una noche; mediante algún video gracioso, brillante o vergonzoso, que sea compartido por la persona correcta.

Nunca tuvimos la fama tan a la mano…

Hoy en día la mayoría de los trabajos pueden realizarse desde una computadora, lo cual nos abre la puerta a mayores libertades a la hora de ganarnos la vida.

La medicina, la tecnología y la gran mayoría de las ciencias están en pleno desarrollo, y somos capaces de poner en marcha ideas que se formularon hace décadas, cuando el mundo carecida de recursos electrónicos.

 

El peor momento para estar vivo:

En términos sociales, es una época bastante compleja.

Las redes nos dan tanta difusión que a menudo nos perdemos en las vidas ajenas y olvidamos o desestimamos las nuestras. Miramos mucho lo que otros están haciendo y perdemos el eje para entender ¿Qué queremos hacer con nuestra vida?

Las redes sociales nos exponen hasta un punto donde ya no tenemos control. La opinión pública es capaz de condenar a cualquier individuo por algo tan insignificante como el ruido de una mosca o, más insignificante aún, por una publicación en Facebook.

Si bien la medicina cada vez está mejor como ciencia, cada vez enfermamos más por estrés o mala alimentación; sin mencionar que para algunos que disponen de altas exigencias laborales, ir al médico a veces termina pospuesto hasta que surge un problema mayor.

Tenemos procesos que cada vez consumen menos tiempo, y de alguna forma, cada vez estamos con menos tiempo entre manos. El progreso tecnológico se ha vuelto una zanahoria para mantener la rueda andando, no en una herramienta para facilitar y des complejizar la vida humana.

A pesar de que casi todos los trabajos se pueden hacer desde una computadora, sin depender de una oficina, no hemos maximizado nuestro tiempo de calidad, sino todo lo contrario…

La conclusión es la misma que antes: todo en la actualidad es más cómodo, rápido y accesible.

Por desgracia, eso también incluye nuestra vida privada y personal.

 

La muerte de la paciencia:

La paciencia, es otro de los grandes estandartes que ha decaído en valoración en el último tiempo.

Hoy resulta un bien escaso; que genera admiración en algunos desesperados compulsivos, pero también genera un gran rechazo.

El mundo ya no es el mismo. Algunos de nosotros estamos haciendo mucho más de lo que hicieron nuestros padres a nuestra edad y consiguiendo un tercio del resultado. Con la propuesta mediática de no fracturar nuestra vida social y mantener nuestro status económico, trabajamos duro, nos enfiestamos con fuerza, dormimos menos, y nos atascamos en el tráfico con más frecuencia. Ya sea por trabajo o por placer, corremos constantemente y estamos sometiendo a nuestro cuerpo a una enorme cantidad de estrés diariamente. Estamos llegando con mucha velocidad a un momento bisagra en donde 24 horas al día no será suficiente. Todo esto puede considerarse la razón principal detrás de nuestra impaciencia colectiva y la ira colectiva que estamos experimentando en las grandes ciudades.

 

Conclusiones:

La paciencia es una virtud, y los Millennials cada vez disponen menos de ella.

Socialmente los medios los impulsan a formular grandes sueños. No desean ser normales, pero dios los salve de ser verdaderamente distintos.

Terminan enfrentados al «éxito» que les sucedió a otras personas de nuestra edad o incluso menores. Youtube e Instagram hicieron posible que las personas normales sean individuos influyentes y tengan sus propias voces y plataformas. Sin embargo, estas historias de éxito podrían haber creado una gran cantidad de ansiedad en las personas. De repente, ser normal es como si estuvieras haciendo algo mal, y si no tienes tu propia marca, parece que no estuvieras viviendo tu vida a su máximo potencial.

Hoy el mundo practico es más fácil y nos encanta. Todo está a mano, pero, sin embargo, con el tiempo que nos sobra, en general, estamos deambulando sin rumbo.

Estamos observando a la generación que festeja la era de la tecnología, la era de la velocidad y la vorágine.

A la generación que la idolatra el ruido, el caos y las noches de sexo y borracheras brutales. A la que idolatra, mientras desesperadamente busca escapar del mundo que está festejando en primera instancia.

 

Se abre el debate para todos los lectores:

¿Estaremos perdiendo perspectivas?

Parece difícil mantener la mente despejada hoy en día y poder concentrarse en lo esencial.

Esta son solo mis observaciones y reflexiones. Como dice en la entrada, tengo la intención de que este blog sea un debate abierto, así que me gustaría saber que piensan.

Saludos!

Alejandro Menéndez

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