Fragmentos y Poesías

Siempre a tu lado

Un frío perezoso se arrastraba en el aire.

No era el crudo filo del invierno, más bien solo un simple chiflido para anunciar que una nueva temporada estaba al llegar. Una farola solitaria arrojaba un brillo artificial sobre el pavimento francés, iluminando las hojas caídas en un chirriante haz de cálida luz amarilla. Los tonos crepusculares bañaron el Sena mientras las calles de la ciudad más romántica del mundo relucían en oro.

La pasarela delante de ella se retorcía como una bufanda de seda; Girando, conduciendo hacia el horizonte. Las luces danzantes de la famosa torre, en todos sus tonos vibrantes, besaron apasionadamente el cielo. Sus pasos resonaron con fuerza en la calle desierta, y se escuchaban demasiado fuerte en sus propios oídos; al igual que el latido de su corazón.

Empezó a marcar diferencia

Cuando todavía se sentía como una niña, Ludmila solía estar asustada de muchas cosas.

No le gustaba admitirlo, pero creo que le tenía miedo a los demás.

Estaba aterrada de la mentira, del abandono, del apego y de la amarga desilusión.

Y, algún día, la sonrisa de alguien atormentará tus noches.
Y pensarás como hacerla surgir, solo para disfrutarla por unos momentos.
Así que, mientras puedas, sigue tu melodía y marca tu ritmo.
Porque también, algún día, tal vez muy pronto, serás tú el tormento de quien a ti te desvela.

Soles sobre el empedrado,
Rosas refulgentes que se encienden
En explosiones silenciosas
sobre calles cerradas.
Luces que surgen suavemente
O bien con el ímpetu de las constelaciones
Hasta irrumpir en las retinas de los caminantes nocturnos
En mil fracasos
En diez mil sueños

Ella solía tener esos momentos…
Donde estaba asustada e insegura y se enojaba reclamando cosas que no comprendía.
Le discutía los comos y los porqués del amor y él, ya cansado de enfrentar temores irrisorios, la miró a los ojos con un rostro apacible.
– Voy a explicarte como funciona esto, ¿te parece? – le dijo con una mezcla de soberbia y dulzura 

Te pido perdón, porque es cierto lo que me decís siempre: No se disimular.

Cuando me pedís que observe algo que requiere diplomacia, siempre soy el ser más evidente del mundo.

Aunque, si estamos siendo sinceros, estoy orgulloso de ese defecto.

Porque si hubiéramos disimulado, jamás nada hubiera sido.

Piénsalo un momento…

No era ese tipo de chica…De las que usan mucho maquillaje e intentan acaparar los reflectores todos los días.

No. Definitivamente no era una vanidosa típica. Tampoco era un pajarillo coqueto de mente silenciosa, y palabras vacías.

Ella tenía una chispa incontenible. Y bien se podría decir que creaba su propia definición del carisma…