Los mismos corazones

Era un viejito dulce, pero callado…
Era amoroso; pero poco demostrativo.
Le gustaba mucho su mundo y nunca había abandonado sus pensamientos internos ni con el paso de los años.
Esa tarde, al ver a sus nietos en el jardín, una dulce melancolía se apoderó de él.
Y No pudo evitar sonreír…
En aquel momento miró a su esposa sentada junto a él y, por más silencioso que acostumbrase ser, encontró fácilmente todas las palabras.
— Jamás hubiera sospechado como ibas a cambiar el curso de mí vida – le dijo en forma concreta y solemne, como un decreto real; con la calma reflexiva que nos da la vejez.
Su esposa primero se sonrió y luego comenzó a reír frente a su rostro rigido: pues le divertía mucho las pocas veces cuando, de la nada misma, él sacaba esos comunicados tan profundos.
— ¿Y ahora que te pasó que salís con eso?.
— Es que estaba viendo a los chicos y me quedé pensando…
— ¿Y a ver, que pensaste ahora? – bufó su mujer en tono burlon; sumamente entretenida.
— En que los dos éramos muy inocentes entonces… acordás? No teníamos mucho y éramos más soñadores que otra cosa…Y sin embargo acá estamos, tanto más tarde en la vida. Y formamos todo esto…Y hay nueva vida jugando en nuestro jardín. Y lo armamos nosotros; con los mismos corazones que esos soñadores inocentes de hace tantos años atrás.
Por un momento me resulto curioso… Pero me hizo feliz pensarlo.
.
De pronto, su esposa dejo de reir. Le tomó la mano apoyada en la agarradera de la silla. Y susurrando bajito le respondió.
— Te amo mucho… 

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