Las Cenizas Del Viento Capítulo 2:

El Clan de la Luna:

Aions atravesó presuroso todos los salones del palacio y los sirvientes se hicieron a un lado al encontrarse con su presencia. El sonido de sus pisadas contra el mármol retumbaba con fuerza en cada rincón, mientras pasaba por el Gran Salón y continuaba a la Sala de las Lámparas. — un hermoso salón repleto con globos de cristal brillando de diversos colores — Siguió por las grandes puertas interiores; hasta llegar al ancho pasillo descendente que se dividía en seis caminos. Cada sendero lo llevaba lugares distintos dentro del palacio. De izquierda a derecha, los caminos daban al calabozo, la biblioteca, el salón comedor, la sala del trono, la sala de astrología y los aposentos del rey. El príncipe enfiló hacia este último destino y comenzó a subir por las escaleras de mármol y piedra tallada. Tardó unos cuantos minutos más en llegar a la habitación de su padre.

No había perdido ni un segundo en su camino: apenas le informaron que el rey requería su presencia, abandonó sus ocupaciones y se dirigió allí de inmediato. 

Pocas veces el rey Arrel lo mandaba a llamar, y en general, solo hablaba con él durante la cena.  Por eso mismo, Aions deducía que el contratiempo en cuestión era algo urgente e importante.

Llamó a la puerta y recibió el permiso para entrar. Apenas cruzó el umbral, dos cosas llamaron su atención. Lo primero que notó fue que su padre miraba consternado a través de la ventana. Lo segundo fue que, sobre el escritorio de ébano en el fondo del cuarto, la jarra de vino se mantenía intacta desde la mañana; cuando fue posada sobre la mesa por el sirviente. No era un detalle menor: si su padre se abstenía de beber, es que el tema que estaba sopesando no era una cuestión personal; sino un asunto relativo al reino.

Su padre no lo saludó de inmediato.  Parecía atiborrado en sus propios pensamientos. Aions no dijo nada y se limitó a observarlo por unos instantes.

El príncipe sabía que, en otras épocas, Arrel fue un rey esbelto y vigoroso que cabalgaba a las guerras y peleaba junto a sus banderizos. Un hombre impetuoso y decidido; según dicen aquellos que lo conocieron en esos tiempos.

Más hoy en día era un soberano robusto, de abdomen prominente y rostro cansado. Y aunque el vigor todavía brillaba en su mirada, la vehemencia ya no era su fuerte. Pues su última batalla había sido en la Guerra del Grifo, cuando Ferth se midió con Gargata en la Estepa Olvidada; la frontera entre Senaga y Gargata.

Aquel conflicto sucedió hacía ya diez años recordó Aions; poco después de que Lúcian llegara al palacio. Justamente, lo que desencadenó la guerra fue la invasión de los soldados gargatienses en las costas de Leveron. La misma invasión que les costó la vida a los padres de Lúcian.

Ferth fue el reino que emergió victorioso de aquel conflicto y, una vez finalizada la batalla, colonizó el territorio que le correspondía a Gargata y solo dejó en libertad a Senaga; pues auxilió a Ferth durante la guerra abriendo los puertos para facilitar el ingreso al continente. Por eso mismo, actualmente, Senaga era la única nación independiente de Terra y la única republica del mundo.

Después de esa batalla su padre nunca más cabalgó hacia un conflicto armado, por lo cual su figura estaba un tanto descuidada. Y su carácter, con los años lejos de las guerras, se había vuelto más sereno y responsable.

En su aspecto compartía muchas semejanzas con Aions: tenía el pelo castaño y los ojos muy claros, de un azul imponente como un lapislázuli. Además de su rostro que, a pesar de los años, mantenía los bellos y armónicos rasgos del linaje Wintersoul.

— ¡Hijo mío! Llegas antes de lo esperado— dijo con su tono normal lleno de algarabía y vigor—. Toma asiento y una copa de vino si te apetece— continuó mientras se sentaba en su gran sillón de piel y le indicaba la jarra con el dedo índice—. Debemos hablar, hoy ha llegado al reino una carta de Tears.

—¿Una carta de Tears? — exclamó Aions incrédulo.

Su padre asintió con el rostro rígido mientras paseaba sus ojos una vez más por el contenido de la carta.

Para muchas personas, incluido el rey, los presagios de los sabios eran la manifestación más certera del futuro cercano.

Tears era conocida como la isla de los sabios; y había dos formas de ver a esta misteriosa y fascinante comarca. La primera era decir que Tears es el lugar donde aquellos que nacieran con el esquivo don de la hechicería podían iluminar su mente y adquirir maestría sobre las altas artes. Pues como dice el dicho: mantener en tinieblas la mente de aquel que ha nacido mago es algo peligroso. Por lo tanto, en la isla de los sabios se enseñan las artes del ilusionismo, la alquimia básica y el manejo de los vientos, mientras que los grandes maestros por momentos profetizan el porvenir de Gaia.

Pero la otra cara de la moneda sería decir que Tears es una cárcel. Una cárcel lujosa y sumamente bella; pero no más que eso. Pues si uno nace con la desgracia de ser hechicero, puede olvidarse de su libertad. Ya que en la isla se enseña a dominar los talentos mágicos, pero no se permite que los alumnos salgan nunca de la torre. Salvo por encargos especiales o breves trabajos de mercenarios.

Si algún día se le otorga la libertad a un hechicero quiere decir que, o es muy mediocre y su talento no supone peligro; o por el contrario, su talento es tan grande que pueden controlar completamente todos sus dones.

Sea cual sea la forma que uno eligiera para considerar a Tears, nada que saliera de la boca de sus habitantes resultaba una cuestión menor.

—Entonces padre… ¿Qué palabras arriban desde la academia? —preguntó Aions al notar que el rey no podía dejar de leer la carta.

—Presagios hijo…Y mucho temo que son ciertos. Hablan acerca de revoluciones en nuestro imperio y sobre el retorno de la Clan de la Luna— mientras hablaba su rostro se mantenía rígido, compungido, como si una espada pendiese sobre su cabeza en aquel instante.

— Los maestros de Tears llevan mucho tiempo entre sus muros padre, no hay que tomar tan en serio los presagios de unos ancianos recluidos—todo ferthiano conocía las leyendas acerca del Clan de la Luna: fueron un grupo de hombres que hicieron arder al mundo en dos ocasiones distintas. Los motivos que los habían movido a semejantes actos habían sido siempre un misterio para la historia.  Lo cierto era que Elliot Wintersoul, se había encargado de terminar con ellos hacia quinientos años. Los bardos y juglares todavía cantan gestas y canciones acerca de las hazañas que terminaron en aquel recordado desenlace. Aunque esas son historias para otro momento.

—¡No seas irrespetuoso Aions! Un rey no puede hacer oídos sordos ante noticias de esta naturaleza— su padre se volteó con brusquedad, como si hubiese recibido una bofetada. Se mantuvo en silencio antes de aflojar sus músculos de un suspiro y decir con una solemnidad cansina—. Hijo, el reino no está en su mejor época. Los rumores que corren hablan de levantamientos contra la corona. Leveron está en una guerra civil en este mismo instante. La gente muere mientras hablamos, y no solo soldados, si no gente común, que tal vez soñaron con tiempos distintos. Si el Clan de la Luna fuese a retornar ahora, con el reino dividido, no sería fácil evitar la calamidad.

Arrel hablaba con un temor sincero. El reino no estaba en su mejor época y una guerra ahora, sin dudas, no era lo mejor que podía suceder. Aions reconoció el miedo en el rostro de su padre y sintió que era su momento para hablar con vehemencia y decisión. Él tenía el vigor de la juventud y de hacer falta lideraría los ejércitos en la batalla.

— Somos el imperio más grande de Gaia, estos muros contienen al mejor ejército del mundo. El temor que inspira el nombre de Ferth pondrá en orden cualquier caos—Aions se dio cuenta que esas palabras no cambiaban el ceño de preocupación que llevaba su padre —. No te preocupes, cuando gane nuevamente la copa, reafirmare nuestra supremacía. Todos los reinos sabrán que mi espada es invencible y nadie se atreverá a levantar ni una rama contra nosotros—Aions cada vez hablaba con más preponderancia, se sentía lleno de potestad producto de una vanidad que crecía conforme hablaba.

— Es cierto, Ferth es temido por todos. Pero el temor lleva al odio, indefectiblemente lleva al odio. Y el odio, no tiene otro desenlace que el conflicto. Si el Clan de la Luna realmente apareciera y pusiera al mundo en nuestra contra. Si las armas de la revolución apuntaran a nuestros muros. Dime hijo, en ese escenario ¿Crees que podrías ser un actor principal? —Arrel reflejaba tristeza en sus palabras, y decepción en sus ojos. Esperaba que su hijo viera el porvenir con más resguardo y que sintiera los conflictos del reino con mucha más empatía. La respuesta del joven no hizo más que agravar sus lamentos.

— Padre ¿recuerdas las palabras de nuestro reino? —hizo una breve pausa y se dispuso a continuar con un tono suntuoso y melódico—. Somos el León de Gaia, somos la gloria, el acero eterno, los herederos del mundo. Desterramos dragones, cambiamos el color de la noche, teñimos los glaciares con sangre, alteramos el curso del destino. Nos mantenemos aquí en los prados, donde el sol es pastor y donde obedecen las estrellas; donde el viento nos acuna, nos cría y nos fortalece; donde solo el fuerte habla, y solo el poderoso existe. Nacemos para no tener fronteras; para redefinir los limites de la tierra.  Si los dioses quieren guerra, nosotros nos mantenemos a través de ella. Si los dioses quieren destrucción, nosotros se la brindamos. Y si los dioses quieren que nuestro imperio caiga, nos enfrentaremos a la voluntad divina ¡Y nuestro acero vivirá por siempre! —Aions no reflexionaba mucho acerca de la desbocada petulancia que demostraba. Un error propio de su juventud y de su desmedida fama a tan corta edad.

— Hijo mío— respondió su padre con toda la ternura de un hombre que le habla a un chico con el fin de impartir una enseñanza—. Todavía eres joven, todavía te queda mucho que debes entender. Nunca has cabalgado hacia una guerra, llevando las riendas del caos. Todavía te falta sentir el odio de naciones enteras sobre tus hombros. Cuando llegue el día no serás tú quien tome control sobre el reino, el reino es quien tomará potestad sobre ti. Cualquier logro que te propongas sé que lo lograras, pues tu talento es enorme. Más grande aun que tu orgullo, espero. Me gustaría que escucharas por momentos mis palabras, pues los padres siempre tienen lo que a sus hijos todavía les falta, y yo sé lo que a ti te falta para ser el más grande rey de la historia. Pero no puedo hacerlo en contra de tu voluntad. Ahora por favor retírate, hablaremos en otro momento.

Mientras su padre terminaba de hablar por la puerta entró Christopher Arcadain. Recientemente nombrado cónsul de Ferth y consejero de su majestad. Seguramente él también estaba allí para hablar acerca de la carta.

Aions no replicó. La terneza en las palabras de Arrel, lograron amainar sus ínfulas de conquistador. Hizo una ligera reverencia, agachó su cabeza y se retiró de la habitación.

Antes de salir saludó al cónsul. Su relación con él era muy vaga, pero su hermano Lúcian lo respetaba mucho y pasaba gran parte del tiempo bajo su tutela.

Mientras bajaba las escaleras de mármol no pudo evitar pensar que pasaría si realmente los presagios de los ancianos fuesen ciertos.

Se detuvo en seco en el medio de la escalinata y lanzó una risa al vacío. El sonido retorno en forma de eco.

—Los pondría de rodillas—dijo en voz alta para sí mismo.

La idea le causó cierta emoción. Elliot la gran leyenda de Gaia, había terminado con el Clan hacia años. Pero si volvían a aparecer, tendría una majestuosa oportunidad de grabar su nombre en la historia: “El rey que terminó con los enemigos del mundo”.

Casi comenzó a desear que volvieran, que aparecieran en su puerta y trataran de entrar. Para que él pusiera un punto final en la historia; para que su leyenda comenzara y que fuera la más grande de todos los tiempos. Una gesta que no se eclipsara ante ninguna otra.

 Lo que Aions no veía, o no quería ver, era que en esa fantasía de fama a la que él se abrazaba y aferraba por orgullo, acechaban los peligros y las tinieblas contra los que su padre lo había puesto en guardia.


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