El Sesgo de Confirmación

Introducción:

Se suele identificar el corazón con la emoción y el cerebro con lo racional.

Por supuesto que esto es una cuestión poética y no intelectual. Pues, tal y como indican muchísimos estudios, la irracionalidad emocional está perfectamente integrada en el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, en el cual se incluye el cerebro humano.

Uno de los aspectos de nuestra conducta que con más frecuencia deja al descubierto este componente irracional son los sesgos cognitivos; las deformaciones en la manera de razonar que resultan inconscientes e involuntarias. De entre todas estas alteraciones del razonamiento, uno de los más frecuentes es el sesgo de confirmación. Muy presente tanto en nuestra vida diaria como en lo profesional. Hoy vamos a hablar un poco de este fenómeno.

No es necesario conocer al lobo:

Lo cierto es que, hasta cierto punto, todos solemos caer dentro de la tendencia llamada sesgo de confirmación.

Yo mismo he entrado en situaciones con nociones preconcebidas de qué esperar, ya sea del evento en sí o de las personas involucradas, y encontré que mis ideas son bastante precisas.

Sí, pensé alguna vez en mi trabajo al conocer a un empresario: este hombre es, de hecho, un vendedor de espejos de colores de la más alta estirpe. Se viste todo de negro, con el cabello oscuro peinado hacia atrás y canta sobre sus conquistas pasadas con deleite de un antiguo guerrero vikingo nórdico que habla de victorias en la guerra.

No necesitaba conocer bien al lobo para saber que él era un lobo. Le daba la mano y lo sabía.

«Lo sabía».

¿Cuántas veces todos hemos pensado o dicho esa frase?

La idea detrás de este fenómeno es bastante simple. Y justamente, es a lo que se llama sesgo de confirmación.

Pero, ¿qué es el Sesgo de confirmación?

Sesgo de confirmación: la tendencia a procesar información al buscar o interpretar información que es consistente con las creencias existentes.

Enciclopedia Británica

En resumen, los humanos buscan activamente pruebas que respalden lo que sea que ya piensan que es verdad.

Hagámonos cargo 😊, solo un minuto de sinceridad, y reconozcamos que todos nosotros somos culpables de esto.

En nuestro moderno mundo conectado a las redes sociales, el concepto de «noticias falsas» se ha transformado en un término familiar. Estas son afirmaciones descaradamente falsas presentadas como noticias que se crean para una audiencia específica con el conocimiento de que lo más probable es que compren las falsedades, y por lo tanto les gusten y las compartan.

Dentro de estas falsedades, algunas de las más ridículas se aprecian muchas veces en medio de las campañas políticas.

Sin embargo, en términos de evolución y biología, se supone que el sesgo de confirmación es algo bueno. Al permitirnos formar nociones preconcebidas, nuestra mente se volvió un poco más eficiente para reconocer rápidamente amenazas o, alternativamente, señales positivas en nuestros entornos que podrían llevarnos a la comida, el agua o el refugio.

Este proceso puede ocurrir consciente o inconscientemente. Pero sucede…Y tenemos muy poco control sobre él.

Un virus mental

Todos los «ismos» prosperan con base en el sesgo de confirmación: el racismo, el sexismo, el fanatismo, etc.

Tan pronto como nos dan pistas a una edad temprana de que cualquier otro tipo de persona diferente es, de alguna manera, menor que nosotros, el resto de nuestras vidas estamos atentos a las pistas para respaldar esas suposiciones, sin importar cuán equivocadas estén. Nos abrazamos a la mínima evidencia que reafirme lo que creemos que es.

Las condiciones psicológicas como la ansiedad también se ven reforzadas por el sesgo de confirmación. Y otras condiciones, como la paranoia, son esencialmente nada más que un sesgo de confirmación constante.

Y luego está el reino ocupado por los teóricos de la conspiración y la criptozoólogia, aquellos que están convencidos de que ciertas cosas existen: como un cuadro secreto de personas influyentes muy ricas que controlan el mundo o un primo escuálido, hirsuto y distante de la humanidad que recorre el Himalaya (Alias, nuestro amigo el Yeti) y se concentran y esfuerzan por forzar y distorsionar, o segmentar las evidencias para probar que estas cosas son, en efecto, correctas.

El sesgo de confirmación es como un virus mental que es altamente transmisible e imposible de curar. Incluso si eres consciente de ello, y tratas constantemente de combatirlo eliminando tu propia ignorancia, el sesgo de confirmación logra sobrevivir porque puede vivir dentro de cualquier concepto.

Recodemos el método científico:

El método científico, la forma correcta y empírica de hacer las cosas, contiene seis pasos simples e inamovibles:

  • Hacer una observación.
  • Realiza una pregunta.
  • Formar una hipótesis (una explicación comprobable).
  • Haz una predicción basada en la hipótesis.
  • Prueba la predicción.
  • Itera: repite el proceso usando los resultados anteriores.

Quizás nuestra mayor debilidad como especie es que no estamos mentalmente conectados para seguir estos pasos por naturaleza, y un porcentaje muy grande de nosotros nunca llegamos a estar capacitados para hacerlo. Es una cuestión de ignorancia más que de falta de inteligencia porque el método científico no es nada si no es fácil de seguir. Lo cierto es que esto podría considerarse una falla en nuestro sistema educativo.

Pero el sesgo de confirmación puede alterar absolutamente el mundo cuando se adopta en los niveles institucionales.

Tome las industrias del tabaco y del petróleo, que a sabiendas financian investigaciones que respaldan los resultados que contribuyen a mejorar su imagen pública:

Tratando de refutar relaciones bien documentadas entre diversos tipos de cáncer y el consumo de tabaco. O financiando investigaciones que niegan del cambio climático.

Pues es, esencialmente, una forma de autoengaño, en el cual nos convencemos de que algo es bueno o correcto simplemente porque queremos que sea, y para que todo lo que sea se alinee con nuestras concepciones actuales.

Desafortunadamente, este es un problema sistémico compuesto por lo que es un rasgo hereditario que se desarrolla en el hogar. Es natural para nosotros creer que nuestro entendimiento del mundo es probablemente el correcto. Y no solemos cuestionar las nociones que terminamos adoptando en nuestra infancia.

Buscando una solución:

El sesgo de confirmación comienza con el individuo, y si intentamos mitigar sus consecuencias negativas debemos enfocarnos en el individuo para corregirlo.

Parte de la solución es adoptar activamente el enfoque opuesto: vea sus ideas como suposiciones hasta que las haya investigado rigurosamente con el objetivo de refutarse a sí mismo y aliente a otros a hacer lo mismo, especialmente a los niños; los aprendices fundamentales.

Pero también a los alumnos en los colegios o a cualquier otra persona que usted conozca y sobre la cual podría llegar a influir.

En lugar de seguir viviendo en una burbuja egocéntrica, hagamos todo lo posible para buscar cualquier falsedad que pueda estar influyendo en nuestra visión del panorama e intentemos corregirla.

Cuando las palabras «Sé que estoy en lo cierto» surgen automáticamente de nuestra boca, cámbielas por «¿Cómo podría estar equivocado?»

Saludos a todos!

Alejandro Menéndez



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